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martes, 30 de octubre de 2012

Mis mayores recompensas

Parecía que todo iba a buen puerto. En un año y algunos meses, quedó atrás una etapa dura, y me dijeron que por fin, estaba en ETAPA 2 de tratamiento.
Eso supuso una gran alegría para mi, ya que mi sufrimiento y mis grandes esfuerzos habían servido de algo. Estar en Etapa 2 me hizo darme cuenta de muchísimas cosas valiosas. Etapa 2 significaba haber dejado atrás el síntoma alimentario, no preocuparte por lo que ingería ni por mi cuerpo. Y a partir de ahí empezó otra dura etapa, para no perder el ritmo!

Una vez me deshice de mis miedos acerca de mi cuerpo, me di cuenta de la cantidad de miedos que tenía a mil cosas, a las que no me atrevía a enfrentarme.
Poco a poco, y con otro xip en mi interior, fui haciendo frente a mis miedos, pasito a pasito y despacio, pero con buena letra!

Con mucha ayuda, logré vencer mis GRANDES miedos, y empecé a reconocerme a mi misma todo lo que había hecho por mí, lo que había ganado y lo satisfecha que estaba con ello.
Llevaba ya dos años en tratamiento, y empecé a notar que necesitaba estar más fuera del hospital de día. Quería muchísimo a la gente (y lo sigo haciendo), agradecía lo muchísimo que habían hecho por mi (y lo sigo haciendo) tanto terapeutas como mis compañer@s, pero eso no dejaba de lado mis sentimientos en ese momento: necesitaba más espacio para mi, me sentía sana y tenía ganas de salir de allí, empezar a hacer mi vida del todo, decidir por mí, caerme y levantarme sola... Por fin, tenía ganas!








Entonces, un día (exactamente el 20 de septiembre de 2012) , triste por esto ya que no me sentía bien allí, me tocaba pasar la tarde y comer en el centro de día. A la hora de comer yo tardé un poquito más que mis compañer@s en ir a las mesas, y cuando me presento en el comedor.... SORPRESA! Estoy en.... ETAPA 3!! por fin, soy libre!


PD: Como vereis, por respeto, he tachado el nombre del centro donde estaba y también las firmas de mis terapetuas.

sábado, 20 de octubre de 2012

¿Una cárcel o un hogar?

Desde el día que ingresé en Hospital de día mi vida cambió. Me tuve que partir mi curso escolar, algo impensable para mí, y a demás dejando atrás a mis compañeros. Nosé que hubiera hecho sin unos amigos que me aconsejaran en cada momento, aunque entonces no quisiera escuchar.
La gente pedía explicaciones de porqué faltaba tanto a clase, así que tuve que inventar excusas. En ese momento está claro que era incapaz de explicar lo que me pasaba.

A parte de anorexia, me diagnosticaron depresión, ya que había llegado a límites graves de ataque hacia mi misma. Decidieron medicarme (a lo que no accedí fácilmente...).

Mis primeros días en el hospital de día fueron un infierno. Y los primeros meses... Al estar allí me hacían comer cantidades que para mí eran exageradas (que ahora sé que no), me prohibían mil cosas, nos pesaban día a día, teníamos una hoja de pautas que seguir, todas ellas odiosas (no podía leer revistas, tenía que anotar todo lo que comía y lo que no...). En fin, me "quitaron" de las manos algo a lo que yo me había aferrado durante mucho tiempo...
Pero a la vez que allí dentro sufría, empecé a notar como a la larga, todo lo que hacía tenía un resultado que me acababa gustando más. Pero repito, A LA LARGA...
De hecho, el hospital de día se convirtió en mi segunda casa, donde muchas veces prefería estar. Y las demás chicas eran como mi familia. Compartíamos cosas que JAMÁS nadie más sabrá ni ha sabido. Eso unión nos dio la fuerza para continuar.

El tratamiento fue largo y duro,  acompañado de muuuuuuuuucho llanto... pero el resultado de hoy, no me lo quita nadie! :)